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9月30日

Más crónicas, menos gasto (el músico)

 

Recuerdo que mi papá decía que un hombre preparado valía por dos, y que del plato a la boca se cae la sopa, me lo dijo un día allá hace mucho tiempo, cuando todavía era un jovencillo.

Yo tenía una guitarra y la tocaba con él ahí en su puesto, y cantábamos boleros para entretenernos en lo que pasaba el día. Venían  los clientes y luego le preguntaban “¿y a por qué ahora no está cantando su hijo?”, ya era yo conocido en el pueblo por andar llevando serenatas, con mi amigo el chucho… y este… ¿Cómo se llamaba?, Arturo. Íbamos a cantarles a las niñas en sus cumpleaños y a los señores en el mero kiosco, pues por que por eso nos daban propina y ya podíamos comprar una que otra cosa…

Y nos invitó una quinceañera a su cumpleaños, a su fiesta, pasó al puesto y yo le dije a mi papá que nos acompañara, y el como que se me quedó viendo raro  “¿de veras me invitan?” me dijo, y se quedó pensando un ratito, y luego agarró sus dos tortas que se iba a comer, y le dijo al que ayudaba “Miguel, ¿hay te comes estas tortas?”, y cómo no, pues rápidamente las acepto… quién iba a andar rechazando comida teniendo hambre.

Pues bueno, se arregló el bien, y nos fuimos a cantar. Y estábamos yo y mis dos amigos cantándole a la quinceañera, y pasaba la fiesta, y veíamos que a todos les iban sirviendo su plato con mole y arroz, y se nos hacía agua la boca conforme iba pasando el tiempo.

Pero pasaron las horas, y a los músicos nadie les servia, y mi papá se me queda viendo como preguntándome a qué horas, y nada de nada. Total que acabó la fiesta ya tarde, ya eran como las seis de la mañana y ningún plato que nos sirvieron. Pues ya todos teníamos hambre y de pronto chucho se acuerda y nos dice que era cumpleaños de Picasso, y entonces vamos a su casa para llevarle serenata y haber si nos daban algo.

Y llegamos a su casa y nos arrancamos con las mañanitas, pero se asoma su mamá por la ventana y nos dice que picasso no está “se salió re bien temprano para alcanzar trabajo”, y nos quedamos así viendo a la señora, quien después de una pausa larga nos dice “pues pásense”.

Entramos y nos sentó a la mesa, corto unos bolillos y nos dijo “ustedes me van a disculpar, pero la verdad ya ni me acordaba que era cumpleaños de mi hijo”, embarró unos frijoles en el pan y nos ofreció uno a cada quien.

Nos salimos de ahí, y mi papá ya estaba que se lo llevaba el hambre y el sueño, y yo lo veía y de pronto, recordé que era santo de un señor, ya no me acuerdo como se llamaba… y les digo a los muchachos, que igual y para no dejar ir la noche así, se encaminaron a su casa.

Y ahí si nos recibieron bien, y nos ofrecieron mucho, y mi papá ya estaba haciendo migas con el señor, se pusieron a hablar y a beber y a cantar, y total, pues ya se quedaron entonados toda la tarde y yo feliz de que ya habíamos comido bien, y mi papá ya no me miraba pues, con esa extrañeza de toda la noche.

Pasados ya los días, se me ocurre decirle a mi padre otra vez que nos acompañara a una fiesta, y me pregunta “¿en serio me invitan?... déjame ver… y que suelta un grito pata que llegara hasta atrás del puesto, hasta la casa, donde estaba mi mamá: “¡Carmen, prepárame dos tortas, que me voy a una fiesta con los muchachos!”.

9月17日

Hay Hojón

 
 

En medio de una hoja en blanco se aparecen mis palabras. En medio de una hoja en blanco es que noto sus formas, sus colores. En medio de una hoja en blanco es que puedo entenderles, releerlas.

Tomo las hojas en blanco y trato de llenarlas, y no solo con palabras, puedo ponerles dibujos, objetos sobre su superficie, puedo darles forma para hacer aviones pequeños, figurillas que me enseñaron cuando niño.

Me complace, en verdad, el saber que una hoja en blanco sirve para tantas cosas, siendo su uso limitado, pues todo se resume a eso, a untarles alguna tinta, algún color, a darles forma. Pero en sus limitantes existe una infinidad de variaciones, pueden otorgar poder, pueden destruir una nación, o conquistar corazones.

Y tal como una hoja es mi espíritu, que se llena de alegrías y decepciones, que asume pensamientos sólo inteligibles en el momento de hacer a un lado otros tantos.

Pero, cruel como el destino de una hoja, es frágil mi espíritu, rompible y corruptible, puede caer en manos equivocadas y entonces mi forma cambia, puedo entonces destruir naciones, puedo lastimar corazones, y me asombra realmente mi poder de destrucción.

Sería un insulto, claro, el no permitir que se escriba sobre mi ser, erigiría entonces un tributo contra la creación misma, y renegaría por completo de todo lo que me rodea, de todo lo que puede reclamarse como paisaje, como posesión, como entorno.

Me pregunto entonces si es peor el construir algo para derrumbarlo luego, o ni siquiera construir. Y llego a la conclusión de que todo lo derrumbado puede levantarse de sus escombros, y los ideales perdidos pueden retomarse de una o varias formas.

Pues así como mi ser, una hoja puede ser restituida, se une de nuevo para entender el motivo de su existir, se aprecian las hendiduras pequeñas que aparecen tras el paso de una goma al borrar el grafito de un lápiz.Pocas son las cosas que interesan al leer algo sobre una hoja, y poco es el sentir que provoca mi existencia, pero a fin de cuentas, en gustos se rompen géneros, y habrá a quién le interese más una cosa que otra, por eso mi espíritu debe llenarse, por eso mi ser debe ser una masa uniforme de pensamientos y acciones diversas, para que todo lector, encuentre un apartado digno, y así saber, que al menos, hubo alguien que considerara útil a mi ser.